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Desde mi isla del tesoro

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Este verano viajé por la Rusia zarista y revolucionaria de principios del siglo pasado, cargada con un macuto lleno de bonitos versos por donde se colaban hojas de árboles, besos blancos y tierra mojada. He olido Siberia, pero nunca he estado allí; he caminado por carretas tan viejas como el mundo, transportada por doloridos trenes, pero no me moví de casa. He empezado varias vidas, y he visto culminar solo una. Así es Doctor Zhivago.

Tuve el placer de tener noticias de un ser querido del que no sabía nada desde hacía, por lo menos, dos inviernos. De ella creía conocerlo casi todo pero, la vida es una caja de sorpresas enviada por Amazon,   desde algún lugar perdido de Teruel me llegó su primera novela. Sin duda fueron las horas más deliciosas del verano. Pasé una tarde como la de antes;  a la sombra fresca de un toldo, leyendo Lady Susan y bebiendo café. Solo me separa el tiempo presente de mi querida Jane Austen.

Una vez llegué a pensar que tenía mejor gusto literario por todos aquellos libros que había abandonado que por los leído. Y estaba en lo cierto: “La señorita Smila y su especial percepción de la nieve” es mi tesoro veraniego procedente de tierras árticas. Novela negra en cuanto a forma y contenido, pero, a la vez, tremendamente sentimental y sensorial; como el alcoholismo o, la heroína. Ahora viajo con ella en un barco de 14 mil toneladas con destino a Groenlandia, con una tripulación que desconoce el objeto del viaje.

¿Y tú, de dónde vienes?

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