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Poemas

Pensaba, a raíz de la desaparición de una poeta, que una de las cosas más bonitas que le puedes dejar al mundo cuando falleces son tus poemas. Porque como al árbol cuando se le caen las hojas, o muda de piel, un poema necesariamente expresa lo vivido, lo sentido, por pura inercia circunstancial, siempre de manera honesta: esa hoja arrastrada por el viento, esa voz quebrada en mitad de la oscuridad; sucederá cada invierno, cada noche.

Con las novelas es algo distinto porque casi siempre necesitas que todo un aparato compuesto de personajes, diálogos y lugares, cojan el petate y, se vayan contigo de excursión. Entre toda esa densidad selvática, se abrirán claros que facilitará el perfecto encuentro de la autora con sus futuros lectores. El tiempo de la novela es futurible, aunque estén escritas hace siglos, o precisamente, porque están escritas hace siglos. 

Un poema, sin embargo, sucede. Es una suerte de presente histórico, donde los poetas reviven continuamente, subrayándose en cada verso, en cada palabra, en los silencios, justo donde cogemos aliento.Ahí, siempre entendí, se produce la inmortalidad de los escritores, cuando se revive a la persona en sí, no a sus ficciones. Esas poetas desaparecidas que encuentran hueco, eco, en tu aliento, tal espíritus perfectamente invocados. Curiosamente cuando oyes, en cualquier recital, leer a un poeta sus propios poemas, queda totalmente enterrado, devorado. Desaparece. 

La poesía siempre es verdad y, cuando es verdadera, sus consecuencias sobrepasan el papel. Por eso es tan bonito dejar poemas y recogerlos de cualquier sitio, vengan de donde vengan.

 

 

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