Inspiracionismo

Abramos la caja de Pandora y saquemos de ahí al primo hermano del Apropiacionismo, el Inspiracionismo, que lejos de aniquilar el valor estético de la obra de arte (proceso que realiza el Apropiacionismo a través del plagio y la copia), intenta, por el contrario, intensificar o alargar, el deleite que provoca la contemplación de ésta, a través de la inspiración casi literal del motivo principal, diferenciándose original y copia  -sólo- en pequeños detalles que mejoran, a nuestro íntimo parecer, la obra: un mal trazo, un color sobrante, un personaje aburrido, una banda sonora fuera de tono, un cambio de formato….detalles que de estar o no estar, harían que la obra fuese redonda más que cuadrada.

Como práctica íntima o de grupúsculos, el Inspiracionismo, se desvincula parcialmente de la figura del crítico, donde éste abre brechas, el inspiracionismo las cierra, en la medida de sus posibilidades. Depende exclusivamente de tu destreza, talento o capital, el mejoramiento de aquello que resta valor a la obra que lees, contemplas, escuchas, tocas, palpas, hueles…

No pretendemos pintarles unos bigotes a la Monalisa (aunque sea imposible no tener a Duchamp como referente), dado que latentemente nuestra pretensión es, sobre todo, romántica: mecernos en la plenitud de la obra de arte eternamente, como el polvo que se posa en el Gran Vidrio.

Quizá sea la ansiedad que me despierta la muerte, pero me entristece saber que Doctor en Alaska llega a su fin. Apología de lo infinito

Tags: , , , .

Comentarios

Si mi biblioteca ardiera esta noche…

Si empezara a arder por ejemplo desde abajo, arrasaría con el vago recuerdo de vaporosos decorados Rococo, sepultaría del todo el arco de herradura del primer románico peninsular y olvidaría lo que significó el Suprematismo ruso y el pobre Duchamp. Si el fuego continuará extendiéndose hacía la izquierda, Javier Marías quedaría por siempre jamás desterrado en Londres y Tolstoi en Siberia, Filemon y Baucis no serían frondosos árboles que se acarician en los días de viento, y la tristeza de toda una tarde no quedaría recogida en la frente de una hermosa dama.

Si el fuego avivase, Greta Garbo nunca subiría al tren que la condujo de San Petersburgo a Moscú, Cary Grant no salvaría a Ingrid Bergman de un triste envenenamiento y Woody Allen finalmente se habría ido a vivir a Los Ángeles.

Tampoco el fuego permitiría que Laetetia Sadier hubiese cantado alguna vez a los soviets, Devendra Banhart a la luna y Daedelus no homenajearía a Icarus. Chris desde la K-Oso no daría voz a todas nuestras semiocultas y tristes melancolías rodeadas de ensoñados paisajes invernales (¡Cuántas auroras boreales hubiesen quedado desterradas!).

Si mi biblioteca ardiera esta noche rendiría homenaje a un viejo amigo que me enseñó lo que significa una biblioteca propia, de uno. Aquí un verso de Luis Rosales que un día me escribió: “Y has mirado tus libros como miran los árboles sus hojas, y te has sentido solo, humanamente solo porque todo es igual y tú lo sabes”.

Por último si mi biblioteca ardiera esta noche (todo y nada se llevaría, porque la ficción como el recuerdo, no habita ni se guarda en estanterías) recogería sus cenizas y las guardaría como testigo de aquello que alguna vez conocí, sentí y leí.

Tags: , , , , , , , , , , , .

Comentarios (2)