Películas románticas
Decía Alfred Hitchcock que si nuestros muertos volviesen, no sabríamos muy bien qué hacer con ellos.
Nunca he compartido esa frase, sin embargo, hace unas cuantas semanas me topé con un sentimiento antiguo que creía agujereado, envejecido y olvidado, y no supe muy bien qué hacer con él. Tan solo lo observé desde mi butaca de cine, con ojos tristes, y guardé silencio mientras la nostalgia empapaba las palomitas.
Hallar y perder el objeto deseado a la vez. Rozarlo, y nunca más volver a hacerlo. Pero haber sido también alguna vez ese objeto de deseo, rendirse ante tan sincero amor para, finalmente, esquivarlo, y huir de tan profundo y oscuro sentimiento, (decía un viejo amigo que el reverso del amor era la muerte), como quien huye de un cementerio, con ese sentimiento contradictorio de querer vivir porque los demás están muertos.
Ese sentimiento antiguo vuelve a estar otra vez bajo tierra, junto con otros cuerpos, pero esta vez no olvidé dejar un brazo fuera, por si acaso yo, o él, pidiera mi ayuda.
Probablemente Hitchcock tuviera razón, y no debiéramos dejar rastro alguno a los que un día se fueron porque: ¿qué haríamos si reaparecieran aquellos por los que en algún momento hubiésemos muerto?
La película es Two Lovers
